domingo, 24 de mayo de 2009

De las pequeñas y las grandes cosas de la vida

Como todas las mañanas, al salir de la ducha Paula pasó camino al dormitorio por detrás de Hernán que se estaba afeitando.

-¿Alguna vez dejarás de sacudir la cabeza como un perrito? Mirá como me dejás el espejo-protestó Hernán
- Con pasarle un poco la toalla ya está ¿no?
Mientras con un mano se secaba a medias con la otra Paula iba recogiendo prendas que encontraba por ahí, en ese gesto mecánico a lo largo de la casa que tiene como meta el lavarropas.
-Hernán, ¿cuántas veces tengo que decirte que no patees las medias debajo de la cama?
-Perdoname preciosa, no me doy cuenta-y aprovechando la postura de buscadora de medias le dio una palmada en las nalgas-Voy a hacer café
- Por favor-saltó Paula-no pongas tanto café que ayer estaba fortísimo
-Mira que estas protestona hoy Eh?
El aroma del café y el pan tostado inundó la casa y en la cocina entibiada por el sol de la mañana desayunaron, él sentado a la mesa, ella al otro lado, pero no sentada, a Paula le gustaba permanecer de pie frente al ventanal mirando hacia fuera, los verdes, un pedacito de cielo y algún que otro pajarito que bajaba a picotear la tierra, y ahora se daba vuelta para mirar a Hernán porque sabía que el la miraba también. Y solamente fue eso una mirada apenas demorada y una sonrisa que flotó entre ambos y que quería decir: “sé en que estás pensando” “Sé que estás recordando la noche que vivimos, porque no fue una noche como otras”.
Había sido una noche especial, como se dan pocas. Una noche de entregas absolutas donde las manos acarician más allá de la piel, y los labios besan dentro del corazón.
Fueron momentos de un amor casi divino. No, casi divino no, fue amor divino, ese en el que los cuerpos entregan y toman incansablemente desde el pensamiento hasta los dedos de los pies, desde los vientres ardientes hasta la idea del amor eterno, desde las manos entrelazadas hasta la confirmación de dicha. De la sensación al sentimiento y de la percepción a la emoción, nada olvidó esa noche regalarles, comprensión, esperas, renuncias, entregas, posesión... sin dudas, sin miedos, sin reticencias. Esa noche habían llorado los dos, las lágrimas brotaron junto con el éxtasis desde lo más profundo porque de alguna manera debían liberar un poco de ese amor para no ahogarse.
Después de esa mirada y esas palabras calladas, no se dijeron nada y cada uno fue a ocuparse de lo suyo, estaba todo dicho.


La vida no es ni se hace de pequeñas cosas, de ínfimos momentos, de instantes circunstanciales, de actos intrascendentes.
Como la vida de Paula y Hernán, la vida de todos, de cada uno, de cualquiera tiene como basamento o razón de ser solo las grandes cosas, sobre ellas se yergue toda existencia humana.
Así como la humanidad no se ha movido sobre desdibujados rieles de mínimos hechos, tampoco cada individuo viene llegando impulsado por leve brisa de primavera, lo que lo trae y lo sostiene son las grandes empresas que acometió en su vida, la persecución del amor imposible, la consagración del amor alcanzado, el dolor de las pérdidas de los seres queridos y el esfuerzo sobrehumano de volver a levantarse tras cada caída, el rebelarse ante la injusticia con una acción heroica aunque quijotesca y todo aquello que aun sigue sintiendo con toda la intensidad que marca a fuego el alma, dejando cicatrices, dolorosas unas, gratificantes otras.

Así que ¡Dejémonos de embromar diciendo que la vida está hecha de pequeñas cosas! Y del mismo modo ¡Dejémonos de embromar diciendo que todo se debe hacer con mucho amor!


Cómo puedo poner amor al lavar un calzoncillo del hombre que amo, el amor lo pondré, en todo caso, al quitárselo.
No nos creamos la publicidad engañosa que nos quieren vender de todo a toda costa, incluso una manera de ver la vida. La importancia de la vida no puede estar en una galletita, como no puede guardarse el amor en un frasco de desodorante
Los programas femeninos de televisión dicen que debes poner amor en todo lo que haces, que todo debe estar embadurnado de cariño para que quede bien hecho, que si pones en ello alegría y felicidad el resultado está garantizado. ¡Por dios ¡ ¡ ¿qué despropósito es ese?! ¿Cómo puedo yo poner amor en un guiso de lentejas? ¿Que dejo entonces para las grandes empresas de la vida, para los momentos importantes, para la entrega incondicional de mi hacia el prójimo, sea este prójimo uno o miles?

4 comentarios:

Sauce Llorón dijo...

Nora,antes de entrar en tu blog,pienso:"¿qué me enseñará hoy la amiga Nora".
Unas veces encuentro a una gran poetisa,a una malabarista de la palabra,otras encontré a una pintora,donde en sus cuadros se puede leer tanto o más que en sus poesías.Hoy he te he visto como una gran filósofa de la vida,que con maestría nos muestras las grandes cosas que realmente deben de mover nuestra vida.
Un beso muy fuerte.

Nora dijo...

Sauce demasiados elogios, me hacen poner colorada, te los voy a aceptar porque vienen de un corazón blando como el mio y además, a qué negarlo, me halagan
Gracias

A. G. dijo...

Coincido con Sauce, yo también digo con que nos sorprenderá Nora, a veces con la ternura de sus poesías, la crudeza o el toque de humor de otras, hoy haciendonos ver algo que es real, que no nos damos cuenta o no queremos darnos cuenta pero es así, pero analizandolo las pequeñas cosas son reflejos de esas cosas tan importantes que en algun momento vivimos, como decis vos, la pérdida de un ser querido, el amor imposible, lograr un propósito deseado, conseguir el amor verdadero.
Es para seguir analizándolo, Gracias Nora

Corazón y Pluma dijo...

Querida Nora:

Creo que al final, estamos hablando de lo mismo, pero con diferentes palabras... Lo que para ti son "las grandes cosas de la vida" es lo que yo llamo las cosas más sencilla y bonitas de la vida"... Pero no porque no tengan importancia, o porque sean rutinarias, o porque no tengan valor en sí mismas...

Las llamo así porque poca gente hoy en día les da valor, se fijan en ella, o las ven siquiera... ¿Quién se emociona hoy con una apasionada noche de amor con el ser que amas? Suena el despertador y gruñendo se levanta porque tiene que ir a trabajar, y, medio dormido y gruñendo, le pide a su amada el desayuno, cuando anoche todo eran palabras de amor y de ternura... ¿Le emociona a este hombre mirar por la ventana y ver cómo sale el sol? "Bah! ¡Qué tontería! ¡Si sale todos los días! ¡Vamos, que tengo prisa!" Y no repara en que ese amanecer anuncia que otro día más está vivo, que Dios nos regala un nuevo día para amar, para dar, para sonreír, ¡para ser feliz!

A eso me refería... Luego coincido contigo, amiga y compañera de blog... Mi querida Nora...

Un beso embelesado y una flor de la pasión...

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